Galería de Marinos y Navegantes Españoles

Alejandro Malaspina

Alonso de Ojeda

Alvaro de Mendaña

Cristóbal Colón

Fernando de Magallanes

Fernandez Enciso

Isaac Peral

Juán de La Cosa

Juan Sebastián de Elcano

Manuel Deschamps Martínez

Martín Alonso Yáñez Pinzón

Miguel López de Legazpi

Pedro Fernández de Quirós

Ramón Marquet

Rodrigo de Bastidas

Roger de Lauria

Vicente Yañez Pinzón

Narcis Monturiol

 

CRISTOBAL COLON: Cristóbal Colón nació hacia 1451 y murió en 1506, aunque era de origen genovés, realizó todas sus hazañas al servicio de los Reyes de España y de ellos recibió todos los honores porlo que puede y debe ser considerado español.. Colón fue el artífuce de una de las mayores hazañas nunca realizadas por el hombre: el descubrimiento del Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492. .


Cristóbal Colón nació el año 1451 en Génova. Algunos autores, sin embargo, defienden que era catalán, mallorquín, judío, gallego, castellano, extremeño, corso, francés, inglés, griego y hasta suizo. Siguiendo la tesis genovesa, sus padres fueron Doménico Colombo, maestro tejedor, lanero o tabernero, y Susana Fontanarrosa. De los cinco hijos del matrimonio, dos, Cristóbal y Bartolomé, tuvieron pronto vocación marinera; el tercero fue Giacomo (Diego Colón), que aprendió el oficio de tejedor; y de los dos restantes, Giovanni murió pronto, y la única mujer no dejó rastro. Recordando estos primeros años, Cristóbal escribía en 1501: "De muy pequeña edad entré en la mar navegando, e lo he continuado hasta hoy... Ya pasan de cuarenta años que yo voy en este uso. Todo lo que hasta hoy se navega, todo lo he andado".


El aprendizaje colombino se debió hacer en galeras genovesas primero, como grumete; como marinero, desde los 15 años, y con mando en barco desde los 20 o 22 años. Entre 1470 y 1476 recorrió todas las rutas comerciales importantes del Mediterráneo, desde Quíos, en el Egeo, hasta la península Ibérica, al servicio de las más importantes firmas genovesas. También participó en empresas bélicas, como el enfrentamiento entre Renato de Anjou y el rey de Aragón, Juan II, por la sucesión a la Corona de Nápoles. Se afirma que, al amparo de tantas guerras y conflictos como entonces había, ejerció de corsario, actividad muy lucrativa y reconocida hasta en los tratados internacionales de la época..

 
Según cronistas contemporáneos, Colón llegó a las costas del sur de Portugal (Lagos), cerca de Sagres, tras un durísimo combate naval acaecido cerca del cabo de San Vicente, el 13 de agosto de 1476. Incendiado su barco, Colón salvó su vida agarrándose a un remo y nadando hasta la costa. Empezaba la estancia colombina en Portugal, que duró casi diez años, tan importantes y decisivos como misteriosos. Fue en el pequeño reino ibérico, y de la mano de portugueses, donde aprendió a conocer el océano, a frecuentar las rutas comerciales que iban desde Islandia a Madeira, a tomar contacto con la navegación de altura, con los vientos y corrientes atlánticos y a navegar hasta Guinea. Dicen los cronistas que Colón, una vez repuesto, marchó de Lagos a Lisboa, donde se dedicó al comercio. En 1477 viajó hasta Inglaterra e Islandia, y en 1478 se movía entre Lisboa y el archipiélago de Madeira con cargamentos de azúcar. Hacia 1480, parece que se casó con Felipa Moñiz, quien le ayudó a acreditarse y restaurarse y a moverse como vecino y cuasi natural de Portugal. De este matrimonio, nació hacia 1482 en la isla de Porto Santo, del archipiélago de Madeira, su sucesor Diego Colón.

 
Hay grandes indicios y alguna prueba razonable, como el preámbulo de las Capitulaciones, de que Colón, cuando elaboró su plan descubridor, sabía más de lo que decía. Tal convencimiento, que se extendió ya desde el principio entre los primeros pobladores y cronistas, se corresponde con el llamado "Predescubrimiento de América". Parece que, entre los años 1477 y 1482, en que Colón no dejó de realizar frecuentes viajes a las islas Madeira, Azores y Canarias, algo trascendental, que él califica de "milagro evidentísimo", le sucedió, si hacemos caso a sus palabras: "Me abrió Nuestro Señor el entendimiento con mano palpable a que era hacedero navegar de aquí a las Indias, y me abrió la voluntad para la ejecución de ello. Y con este fuego vine a Vuestras Altezas".

Los defensores del predescubrimiento de América sostienen que ese algo trascendental, repentino y milagroso que le sucede a Colón en cualquier momento de estos años fue que alguien, con conocimiento de lo que decía, le informó de la existencia de unas tierras al otro lado del océano. Tal información aportaba detalles bastante ajustados sobre algunas islas y sus naturales, sobre ciertos parajes y, especialmente, acerca de las distancias. Ese alguien fue, según unos, un piloto portugués o castellano (la conocida como "leyenda del piloto anónimo") que al regresar de Guinea se vio impulsado por alguna tormenta hasta las Antillas. Tras un tiempo allí, regresó, se encontró con Colón, le informó y murió. Según otra teoría, la información colombina procedería, no de un europeo, sino de algún grupo indígena que en un desplazamiento por las Antillas se vio obligado a desviarse océano adentro hasta encontrarse con Colón. Ambas teorías coinciden en señalar que tal encuentro debió producirse a bastantes leguas al Oeste de las Canarias, Azores o Madeira, en una zona que por aquel entonces frecuentaba. Cristóbal Colón se sintió elegido por la Providencia para descubrir aquellas tierras, y, a partir de ahí, comenzó a elaborar su proyecto, sabiendo que la mayor dificultad que iba a tener era cómo articularlo teóricamente para defenderlo ante los mayores expertos del momento: portugueses y castellanos.

 
Por los años 1480-1482, Cristóbal Colón era un buen navegante, un hombre práctico y autodidacta, pero carecía de ciencias y saberes teóricos: "En la marinería me hizo abundoso; de astrología me dio lo que abastaba, y ansí de geometría y aritmética". Para elaborar su plan descubridor, Colón, que era más medieval que moderno, y se sentía instrumento de la Providencia, utilizó varias fuentes informativas: la Historia rerum ubique gestarum del papa Pío II; la Imago Mundi del cardenal francés Pierre d'Ailly; y la Correspondencia y Mapa que, en 1474, el sabio florentino Paolo del Pozzo Toscanelli había hecho llegar al rey de Portugal a través de su amigo, el canónigo lisboeta Fernando Martins.


De las dos primeras obras, que eran como enciclopedias del saber del momento y que estudió muy detenidamente, como demuestran las casi 1.800 apostillas o anotaciones al margen, extrajo referencias muy concretas sobre parajes bíblicos, situados en el fin del Oriente, como el Paraíso Terrenal, los Jardines del Edén, Tarsis y Ofir, el reino de Saba, los montes de Sophora, la isla de las Amazonas, que pronto situaría en distintas zonas de las Indias, porque para él allí estaba el extremo de Asia. De Toscanelli, que seguía a Marco Polo, recogió Colón todo lo relativo al gran kan, a la tierra firme asiática (Catay, Mangi y Ciamba) y sobre todo al Cipango, isla distante 1.500 millas del Continente y famosa por su riqueza. Sin embargo, hay un punto en el que Colón discrepaba del sabio florentino: las distancias entre ambos extremos del Océano. Toscanelli asignaba al mismo 120 grados de la esfera terrestre (casi el doble de la que en realidad tiene), y, aunque situaba algunas islas en el camino, la empresa resultaba muy arriesgada. Por esta razón, los portugueses, tras estudiar el plan, lo rechazaron y archivaron. Colón, sin embargo, sabía que, en el capítulo de las distancias, Toscanelli estaba equivocado: al empezar el viaje descubridor, anunció que las primeras tierras se encontrarían a 800 leguas de las islas Canarias.

Para defender su proyecto ante los expertos, tenía que entrar en mediciones sobre el grado y la esfera terrestres. Coincide con Alfragano: 1 grado = 56 millas y 2/3 (milla árabe de casi 2.000 metros); por tanto, la circunferencia del ecuador era igual a 20.400 millas. Esto daría 40.000 kilómetros para la circunferencia del ecuador (prácticamente la medida real). Sin embargo, Colón achica la esfera terrestre y da al ecuador una medida de unos 30.000 kilómetros, es decir una cuarta parte menos, porque está manejando la milla itálica, de unos 1500 metros. Hacia 1483 o 1484 defendió este proyecto ante los portugueses, que lo rechazaron. De mediciones, cálculos y Toscanelli, ellos sabían más que Colón. No les aportaba nada nuevo y además exigía mucho.

 
A finales de 1484 o principios de 1485 dejó Portugal lo más secretamente que pudo y entró en Castilla: "Siete años estuve yo en su real corte, que a cuantos se habló de esta empresa todos a una dijeron que era burla", recordaría después. Tras arribar con su hijo Diego a algún puerto del golfo de Cádiz, quizá Palos de la Frontera, visitó el monasterio franciscano de Santa María de La Rábida, en donde siempre halló Colón ayuda material, amigos y conversación.

El 20 de enero de 1486, los Reyes Católicos recibieron por primera vez a Colón en Alcalá de Henares (Madrid), y a continuación nombraron una junta de expertos para valorar el proyecto colombino. La voz de la ciencia, al igual que en Portugal, le fue contraria.

A pesar de que muchos no daban crédito a lo que prometía, nunca faltaron protectores a Colón. Algunos de los más constantes fueron frailes con influencia ante los Reyes, como el incondicional, buen astrólogo y entendido en navegación, fray Antonio de Marchena. Otro religioso influyente, maestro del príncipe don Juan, y siempre favorable a Colón fue fray Diego de Deza. Es posible que el futuro descubridor revelase a ambos sus conocimientos en secreto de confesión. Un tercer religioso, decisivo en 1491 y 1492, fue el fraile de La Rábida, Juan Pérez. En la última fase de la negociación, además de hombres de religión, el genovés contó con el apoyo de algunos cortesanos distinguidos, como fue el caso de Luis de Santángel, Juan Cabrero o Gabriel Sánchez.

Entre los años de 1487 y 1488, mientras esperaba en Córdoba la decisión de los Monarcas, conoció a Beatriz Enríquez de Arana, una joven de humilde procedencia, que el 15 de agosto de 1488 le dio un hijo: Hernando Colón. Para hacer frente a sus necesidades, trabajó con sus manos pintando mapas de marear o portulanos que vendía después a los navegantes, e hizo de mercader de libros de estampa. En 1488, invitado sorprendentemente por el rey portugués Juan II, parece que hizo un viaje rápido a Portugal. Poco después, se movía por Andalucía y visitaba a los duques de Medinasidonia y a los de Medinaceli, mientras llegaba a su fin la guerra de Granada, que tenía ocupados a los Reyes Católicos.

 
Después de muchas tentativas de que intercediera favorablemente de nuevo el monasterio de La Rábida y fray Juan Pérez, los Reyes Católicos, en un acto personal, no científico, decidieron respaldar el plan colombino. El 17 de abril de 1492 se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe o documento-contrato, que estipulaba las condiciones en que Cristóbal Colón haría el viaje descubridor. El documento tiene dos partes, un preámbulo sorprendente que dice así: "Vuestras Altezas dan e otorgan a don Cristóbal Colón en alguna satisfacción de la que ha descubierto en las Mares Océanas y del viaje que agora, con el ayuda de Dios ha de fazer por ellas en servicio de Vuestras Altezas, son las que se siguen". Ese "ha descubierto" es, para los partidarios de la teoría del Predescubrimiento, la prueba documental decisiva, ya que Colón se atribuye, antes de 1492, descubrimientos en el océano que ahora transfiere a los Reyes Católicos, en virtud de lo cual estos le corresponden dándole una serie de privilegios, que forman la segunda parte del documento:

1º) El oficio de almirante de la Mar Océana, vitalicio y hereditario, en todo lo que descubra o gane, y según el modelo del almirante mayor de Castilla.

2º) Los oficios de virrey y gobernador en todo lo que él descubra o gane. No se habla de hereditariedad. Para cubrir los cargos en las Indias, puede proponer terna a los reyes para que estos escojan.

3º) La décima parte de todas las ganancias que se obtengan en su almirantazgo.

4º) Que todos los pleitos relacionados con las nuevas tierras los pueda resolver él o sus justicias. Este punto nunca se cumplió porque estaba condicionado a los precedentes castellanos.

5º) El derecho a participar con la octava parte de los gastos de cualquier armada, recibiendo a cambio la octava parte de los beneficios.

Con este documento capital y otras mercedes, se dirigió a la villa de Palos a preparar la flota descubridora.

 
Tres embarcaciones, Pinta, Niña y Santa María; un presupuesto de unos dos millones de maravedises; y alrededor de 90 hombres, reclutados con la ayuda inestimable de los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, formaron la flota descubridora más trascendental de la historia. El 2 de agosto de 1492, Cristóbal Colón mandó embarcar a toda su gente, y al día siguiente, antes de salir el sol, dejaba el puerto de Palos.


La primera escala fueron las Canarias, donde tuvieron que arreglar el timón de la Pinta. El 6 de septiembre con el alisio ventando a favor, Colón marcó rumbo al oeste. Comenzaba la gran travesía. Su objetivo era el Cipango (la actual India), y advirtió a la tripulación que nadie se inquietase hasta haber navegado 700 leguas. A partir de esa distancia, no habría que navegar por la noche. Por si fallaba algo, sin embargo, decidió llevar dos cuentas sobre las distancias recorridas: una secreta o verdadera (sólo para él), y otra pública o falsa, en la que contaría de menos. El día 13 de septiembre, descubrió la declinación magnética de la tierra; y el 16 llegaron al mar de los Sargazos. A partir del 1 de octubre se da cuenta de que algo falla. El 6, ya han sobrepasado las 800 leguas y no hay indicios de tierra. Durante la noche del 6 al 7 de octubre, se produjo el primer motín entre los marineros de la Santa María. Los hermanos Pinzón apoyaron a Colón y lo sofocaron. Sin embargo, en la noche del 9 al 10 de octubre el malestar se extendió a todos, incluidos los propios Pinzón. Acordaron navegar tres días más y al cabo de ese tiempo si no encontraban tierra regresarían. No hizo falta: en la noche del 11 al 12 de octubre el marinero Rodrigo de Triana lanzó el grito esperado: "¡tierra!".


Al día siguiente desembarcaron en la isla de Guanahaní (que ellos bautizaron como San Salvador), actual isla de Watling, en el archipiélago de las Bahamas, y tomaron posesión de la nueva tierra en nombre de los Reyes Católicos. El 28 de octubre, arribaron a Cuba, y el 21 de noviembre se apartó de la flota Martín Alonso Pinzón. El 6 de diciembre llegaron a la isla de La Española; y el 24 encalló la Santa María, con cuyos restos y la ayuda del cacique de la zona, Guacanagarí, construyeron el fuerte de la Navidad. Tras dejar a 39 españoles ahí, siguieron la costa, encontraron a Martín Alonso Pinzón (6 de enero), y navegaron hasta la costa de Samaná. Desde esta zona, el 16 de enero de 1493, el almirante dio la orden de regresar a España. El viaje fue tranquilo hasta llegar a las Azores, donde sobrevino una fuerte tormenta (12-15 de febrero) que forzó a la Pinta a separarse del almirante y arribar a Bayona (Pontevedra). Otra tempestad, cerca de Lisboa (4 de marzo) obligó al descubridor a desembarcar en Portugal. El 15 de marzo, don Cristóbal, al mando de la Niña, entraba triunfal en Palos. Martín Alonso lo hacía con la carabela Pinta pocas horas después. Llegaba muy enfermo, y a los pocos días murió. Tras el éxito descubridor, don Cristóbal informó a los Reyes, que estaban en Barcelona, se dirigió a su encuentro y fue recibido por ellos con todos los honores. Para anunciar el acontecimiento a toda la Cristiandad, escribió la famosa Carta de Colón.

El 25 de septiembre de 1493, el almirante zarpó de Cádiz al mando de 17 navíos y unos 1.200 hombres, portando las primeras simientes y ganados. Al salir de las Canarias, Colón puso rumbo más al sur que en el primer viaje para llegar al paraje que denominó la entrada de las Indias, en las pequeñas Antillas. Después de descubrir la isla de Puerto Rico, llegó hasta el fuerte de la Navidad y comprobó que había sido destruido y los españoles muertos. Fundó la primera ciudad de América, la Isabela. Recorrió la costa sur de Cuba, llegó a Jamaica, y a finales de 1494 descubría América del Sur (Cumaná), aunque lo ocultó hasta el tercer viaje. Comenzaba el poblamiento de La Española, las diferencias entre españoles y los levantamientos de los indios. A partir de 1495 empezaba el desprestigio del Nuevo Mundo, siendo el grito más escuchado entre españoles: "Así Dios me lleve a Castilla". El 11 de junio de 1496 arribó a Cádiz con la intención de contrarrestar la mala propaganda de las Indias. Llegaba vestido con un sayal de fraile franciscano.

Costó mucho organizar la tercera flota colombina. Las Indias ya no atraían tanto y faltaban tripulantes. Incluso se dio poder a Colón para que embarcara a delincuentes. Ocho navíos y 226 tripulantes componían la flota, que dejó Sanlúcar de Barrameda entre febrero y el 30 de mayo de 1498. Desde Canarias, siguió a Cabo Verde y una latitud más al sur que las anteriores navegaciones, lo que le hizo sufrir una zona de calmas. Descubrió la isla de Trinidad; recorrió la costa de Paria, donde situó solemnemente el entorno del Paraíso Terrenal. Camino de La Española divisó la isla Margarita, donde se pescaban las perlas, para llegar el 20 de agosto a la nueva capital de las Indias, Santo Domingo.

La situación en que encontró a la colonia era grave: la mayoría de los españoles, encabezados por Francisco Roldán, se había rebelado contra la autoridad de los Colón. La llegada del virrey no resolvió el problema. Las quejas contra la familia Colón, agravadas con algún que otro proceder dudoso del Almirante, como ocultar el criadero de perlas de Margarita y Cubagua, llegaron a la corte y los reyes decidieron destituirlo. El 23 de agosto de 1500, Francisco de Bobadilla entraba en el puerto de Santo Domingo para sustituir al virrey y gobernador. Hubo cierta resistencia por parte de los Colón, lo que explica algo la dureza de Bobadilla. A primeros de octubre de 1500, Cristóbal, Bartolomé y Diego Colón regresaban a España cargados de cadenas.


Los monarcas sintieron el mal trato dado a su almirante, algo lo desagraviaron, pero no lo repusieron en sus oficios perdidos. Prometieron que lo harían, mientras le encargaban el cuarto viaje. Con cuatro navíos y 150 hombres partió de Cádiz el 11 de mayo de 1502. El objetivo era encontrar un paso que permitiera llegar a la Especiería ya que Colón seguía creyendo que la zona antillana era la antesala de Asia. Para atravesar el Océano, siguió una ruta parecida al segundo viaje. Llevaba orden de no detenerse en Santo Domingo. Atravesó el Caribe hasta el cabo de Honduras; siguió hasta el de Gracias a Dios y recorrió la costa de Panamá. No encontró lo que buscaba: ni paso, ni oro, ni especias, pero en cambio sí tuvo muchas penalidades y sufrió la pérdida de dos barcos. El 1 de mayo de 1503 ponía rumbo a La Española, pero se vio obligado a recalar en Jamaica, en la bahía de Santa Ana, donde tuvo que encallar los dos barcos y esperar. La hazaña de Diego Méndez y Bartolomé Fiesco logrando llegar en dos canoas desde Jamaica a La Española logró salvarlos. El 28 de junio de 1504, dejaban Jamaica y el 12 de septiembre, en dos navíos, se dirigían a España. Después de arribar a Sanlúcar de Barrameda el 7 de noviembre de 1504, fracasado y enfermo, siguió hasta la corte y reclamó infructuosamente sus derechos. Murió el 20 de mayo de 1506 en Valladolid.

FERNANDO DE MAGALLANES (c. 1480-1521), navegante de origen portugués, con grandes conocimientos de náutica y cartografía, inició la expedición que dio la primera vuelta al mundo y descubrió el estrecho austral que lleva su nombre. Nació en las cercanías de Oporto hacia 1480, en el seno de una familia solariega. Educado en la corte portuguesa, donde aprendió geografía y náutica, en 1505 se embarcó en la expedición de Francisco de Almeida a la India y allí obtuvo informes acerca de las islas Molucas (conocidas como islas de las Especias o Especiería). De nuevo en Portugal, participó en la campaña del norte de África (1513), donde resultó herido.

Caído en desgracia en la corte de Manuel I el Afortunado de Portugal, Magallanes llegó a Sevilla en 1517 con el cosmógrafo Rui Faleiro. Convencido de que las Molucas estaban situadas dentro de la demarcación española que había fijado el Tratado de Tordesillas (1494), ofreció al rey de España Carlos I (V del Sacro Imperio) los proyectos para explorar oriente que el rey portugués había rechazado. Su propuesta era llegar a las islas de las Especias por una ruta occidental de jurisdicción española, a través de un paso o estrecho por el sur de Sudamérica, evitando así entrar en los dominios portugueses. Aprobado el proyecto, se firmó una capitulación el 22 de marzo de 1518 en Valladolid, por la que se nombró a Magallanes capitán general de la Armada y gobernador de todas las tierras que encontrara.

El 10 de agosto de 1519 Magallanes partió de Sevilla hacia la Especiería con cinco naves: la Trinidad, nave capitana; la Concepción, con Juan Sebastián Elcano como contramaestre; la San Antonio, la Santiago y la Victoria, que fue la única que regresó a España, y unos 250 hombres, entre los que figuraba Antonio de Pigafetta, cronista del viaje. Durante más de un mes permanecieron en el puerto de Sanlúcar de Barrameda, y por fin el 20 de septiembre de 1519 Magallanes puso rumbo a Sudamérica. Tras aprovisionarse en el archipiélago de las islas Canarias, y luego de entrar en la bahía de Río de Janeiro y explorar el estuario del Plata, el 31 de marzo de 1520 llegaron a la bahía de San Julián, donde invernaron cerca de cinco meses. Allí Magallanes hubo de sofocar un motín y perder dos naves: la Santiago en labores de exploración y la San Antonio que desertó.

Iniciada la navegación, el 21 de octubre entraron en el deseado estrecho, al que Magallanes llamó de Todos los Santos, y salieron al océano Pacífico el 28 de noviembre. Ascendieron por la costa chilena hasta colocarse sobre los 32º de latitud S, desde donde viraron hacia el Oeste y penetraron en el océano Pacífico. Durante tres meses navegaron sin provisiones frescas ni agua y con la tripulación padeciendo escorbuto, hasta que el 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas, que llamaron de los Ladrones, donde se aprovisionaron. Luego alcanzaron las islas Visayas (16 de marzo) que llamaron de San Lázaro, situadas en el centro del archipiélago de las más tarde conocidas como islas Filipinas. En la isla de Cebú, Magallanes estableció la primera alianza española, pero al morir durante un combate con los indígenas liderados por el cacique Lapu-Lapu en la isla de Mactán, el 27 de abril, no pudo completar la hazaña de dar la primera vuelta al mundo. La expedición se dirigió a las Molucas y tras quedarse con una sola nave, la Victoria, al mando de Elcano, llegó a España el 6 de septiembre de 1522, con 18 supervivientes y cargada de especias.

JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO (1476-1526), navegante y descubridor español que consiguió dar la primera vuelta al mundo y demostrar así la esfericidad de la Tierra. Elcano nació en Guetaria (Guipúzcoa). Enrolado desde su juventud en barcos pesqueros y comerciales, tenía una gran experiencia marinera. En 1509 tomó parte en la expedición militar dirigida por el cardenal Francisco Jiménez de Cisneros contra Argel. A su regreso se estableció en Sevilla, donde tuvo conocimiento del proyecto del portugués Fernando de Magallanes para descubrir una ruta por occidente, a través de un paso o estrecho por el sur de América, que llevara a las islas de las especias sin atravesar por dominios portugueses.

Elcano se alistó en 1519 como contramaestre de la nave Concepción con la expedición de Magallanes. Con toda la Armada, cruzó el océano Atlántico y se dirigió a Sudamérica. Invernó en la bahía de San Julián, en la Patagonia, donde hubo un intento de sublevación cuya causa apoyó Elcano. El 21 de octubre de 1520 se adentraron en el deseado estrecho al que Magallanes bautizó de Todos los Santos. El 28 de noviembre salieron al mar del Sur, al que denominaron con el nombre de mar Pacífico o mar de las Damas por los suaves vientos alisios que soplaban. Por él navegaron durante tres meses en condiciones calamitosas al carecer la tripulación de agua y provisiones frescas y, en consecuencia, padecieron de escorbuto. El 24 de enero de 1521 llegaron a las islas Marianas o de los Ladrones. Muerto Magallanes en las Filipinas, Elcano, al mando de la expedición, se dirigió a las Molucas, a donde llegó a finales de 1521. Allí, en la isla de Tidore, cargó un importante cargamento de especias, con lo que se cumplió el objetivo del viaje. La proximidad de los portugueses, dueños comerciales de la zona, le hizo poner rumbo al oeste. Arribó a la isla de Timor (1522) donde supo de la existencia de otras tierras e islas, las actuales China, Java e Indonesia. Ya sólo con la nave Victoria cruzó el océano Índico, dobló el cabo de Buena Esperanza (mayo de 1522) en el sur de África y, poniendo rumbo al norte, llegaron a las islas de Cabo Verde, que pertenecían a la Corona portuguesa. Aquí supieron que llevaban un día de retraso como consecuencia de haber navegado de Este a Oeste, dando la vuelta a la Tierra. Por fin, después de tres años y catorce días de navegación, el 6 de septiembre de 1522 la expedición al mando de Elcano, tras recorrer 14.000 leguas, entraba en el Puerto de Santa María con sólo 18 hombres y la nave Victoria, la única que quedaba, cargada de especias. El emperador Carlos V (Carlos I de España) recibió a los supervivientes en Valladolid y concedió a Elcano una renta anual de 500 ducados en oro y un escudo de armas, cuya cimera era un globo terráqueo con la leyenda Primus circumdedisti me (El primero que me rodeaste). En un segundo viaje a las Molucas, Elcano murió el 4 de agosto de 1526 durante la travesía del Pacífico.

MANUEL DESCHAMPS MARTINEZ: El capitán de la Marina Mercante Manuel Deschamps Martínez nació en La Coruña en 1853 y murió en Canet de Mar (Barcelona) en 1923, tras una dilatada hoja de servicios a bordo de los más famosos buques de la época. Poco antes de la declaración de guerra entre Estados Unidos y España, Manuel Deschamps, al mando del vapor Montserrat, de la Compañía Trasatlántica, salió de Cádiz el 10 de abril de 1898 (dos días más tarde de la salida de Cervera con los cruceros Infanta María Teresa y Cristóbal Colón, con material de guerra, carga general, pasaje y correspondencia con destino inicial a las islas Canarias, para proseguir viaje a Cuba. Llevaba también a bordo 500 soldados y numeroso jefes y oficiales. A pocos se le ocultaba lo arriesgado de aquel viaje, iniciado en vísperas de la guerra y cuando era esperado de un momento a otro la ruptura de hostilidades, por lo que a la llegada a Canarias no pudo conocer nada concreto sobre la actitud de Estados Unidos y se hizo a la mar rumbo a la Martinica. Su misión, por tanto era muy delicada y sus responsabilidades inmensas. La captura del Montserrat por la escuadra norteamericana no hubiese constituido un vulgar apresamiento o un acto de piratería, sino que hubiese significado una pérdida muy importante en los prolegómenos de una guerra que respondía esencialmente a la suma y sigue de los desaciertos políticos. El 22 de abril llegó el Montserrat a la Martinica y allí fue informado Deschamps de la declaración de guerra, por lo que aquella misma tarde salió para Cienfuegos, navegando con tal pericia que burló la línea de bloqueo impuesta por los americanos. Fondeó en Cienfuegos el 26 de abril y a los pocos momentos abrieron fuego sobre la plaza dos cañoneras yanquis, con el fin de impedir el desembarque del material del Montserrat. Deschamps había salvado todos los obstáculos, recorriendo la costa occidental de la isla de Cuba, pasando por frente de Mariel y Bahía Honda y continuando por el norte de la provincia de Pinar del Río, hasta dar la vuelta al cabo de San Antonio, y siguiendo inverso camino por la parte sur de la gran Antilla, dio el ancla en la bahía de Jagua, en la ciudad de Cienfuegos. Llamado a La Habana por el capitán general Ramón Blanco, Deschamps recibió órdenes de regresar a la Península, conduciendo pliegos de importancia para el gobierno, y de nuevo consiguió con habilidad burlar el bloqueo norteamericano. A última hora de la tarde del 6 de mayo salió el buque rumbo sur. Pasó entre los Caimanes y bancos del sur de Jamaica, desde donde se dirigió para pasar entre Guadalupe y Montserrat, poniendo rumbo a La Coruña, donde arribó el 20 de mayo. Por estas meritorias acciones el capitán Deschamps fue condecorado con la Cruz Roja del Mérito Naval, siéndole regalada la condecoración por la Reina Regente, Doña María Cristina, e imponiéndosela con toda solemnidad, en el ministerio de Marina, el jefe del Estado Mayor de la Armada, vicealmirante Butler. Toda la prensa española se hizo también eco de la recompensa marinera. (José Cervera Pery). El Capitán Deschamps es el único Marino Mercante enterrado en el Panteón de Marinos Ilustres de San Fernando (Cádiz)

MIGUEL LOPEZ DE LEGAZPI ( 1500-1572), navegante vasco natural de Zumárraga es sin duda uno nde los mas grandes navegantes y conquistadores españoles de todos los tiempos a pesar de ser uno de los menos conocidos y celebrados en alguna época pasada, aunque afortunadamente en nuestros días parece que su persona y su obra son ya reconocidos con todos sus merecimientos. A el se debió la conquista del Pacífico, asi como la incorporación de la Islas Filipinas a la Corona de España.

Después del descubrimiento de las Filipinas por Magallanes y de un frustrado intento de colonizarlas a cargo de López de Villalobos, Felipe II decidió su conquista. Para ello se puso en contacto con fray Andrés de Urdaneta, que había participado con Elcano en la vuelta al mundo. Urdaneta puso como condición que al mando estuviera, como Capitán General, el Alcalde de la Ciudad de México, López de Legazpi.

La expedición, integrada por dos naos y tres petaches que embarcaron a 200 soldados, 150 marineros y 4 frailes, partió del Puerto de Navidad (Jalisco) el 21 de noviembre de 1564. Durante el viaje, en el que desertó uno de los petaches al mando de Alonso de Arellano, recalaron en las Islas de los Barbudos (Marshall ) y de los Ladrones (Marianas ). Permanecieron en cada una de los archipiélagos varios días y, en ese tiempo, los indígenas intentaron vender sus mercancías con toda clase de argucias y trampas: En los cestos de arroz sólo la primera capa era de grano, el resto era arena. Otro día desapareció parte del timón de uno de los buques. Legazpi ordenó a sus hombres pagar aunque hubiera engaño con el fin de evitar problemas.

La expedición de Legazpi avistó las Islas Filipinas el 15 de febrero de 1565. Era la isla de Ibabao. Después de explorar las Islas de Leyte y Samar, se dirigieron a Cebú, donde pereció Magallanes. El 27 de abril, después de disparar los cañones de los buques para prevenir incidentes, desembarcaron en la isla fundando la ciudad de San Miguel. A la nueva ciudad comenzaron a acudir nativos atraídos por la presencia de españoles, y varios jefes locales reconocieron a Felipe II como su soberano. Al igual que hiciera en las Marinas y las Marshall, Legazpi ordenó a sus tropas que respetaran a los indígenas y sus propiedades. Después de esto, y tras recibir refuerzos, se lanzó a la conquista de Luzón. En la bahía de Manila, sobre la ciudad prehispánica, fundó la capital del archipiélago español. Con mano firme pero amable, prefiriendo la negociación y la concordia frente a la fuerza, gobernó las Filipinas hasta su muerte.

Como colofón hay que decir que Fray Andrés de Urdaneta, después de la fundación de San Miguel, recibió orden de regresar a Méjico atravesando el Pacífico. Antes se había intentado 5 veces, todas infructuosas. Por fin Urdaneta arribó a Méjico tras 130 días de navegación estableciendo la que, hasta 1821, sería la ruta comercial entre Filipinas y el Virreinato de Nueva España.

 

MARTÍN ALONSO YÁÑEZ PINZÓN ( c. 1440-1493), navegante y descubridor español, uno de los principales protagonistas del primer viaje a América llevado a cabo por Cristóbal Colón. Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1440. Era el hijo mayor de una rica familia de larga tradición marinera, y propietario de un barco con el que hacía frecuentes viajes comerciales por los mares entonces navegables del Mediterráneo y del Atlántico. Junto con su hermano y socio Vicente Yáñez Pinzón, ejerció alguna vez de corsario, cosa por otro lado nada extraña.

En los años que precedieron al descubrimiento de América, no había en toda la comarca de la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel (Huelva) un armador y navegante más famoso que Martín Alonso Yáñez Pinzón, por lo que conseguir su apoyo y participación era imprescindible para el éxito de la empresa colombina. El encargado de convencerle para que acompañase a Colón fue el guardián del monasterio de La Rábida (enclavado en dicha comarca onubense), lo que hizo durante el verano de 1492. Cuando se propagó por toda la zona que Martín Alonso iba a participar en el viaje como capitán de la carabela Pinta y su hermano Vicente como capitán de la Niña, muchos amigos y familiares se enrolaron inmediatamente y pudieron completarse las tripulaciones. Dado que Colón era prácticamente desconocido, la sabiduría náutica y la experiencia marinera de los Pinzón eran el mejor aval.

Puesto en marcha el viaje descubridor, Martín Alonso asumió el mando de la Pinta y llevó consigo a su otro hermano Francisco como maestre. Su hermano Vicente iba como capitán de la carabela Niña. Durante la travesía, demostró sus habilidades de marinero, cuando resolvió el problema de la rotura del timón y pudo seguir navegando; así como sus dotes de mando, al imponer su autoridad a los amotinados vizcaínos y cántabros de la nao Santa María, entre el 6 y el 7 de octubre. Durante este percance, Martín Alonso amenazó con aplastar a cualquiera que se atreviera a amotinarse. En el siguiente motín, ya más serio, del 9 y 10 de octubre, cuando habían fallado ya todos los cálculos de distancias que había expuesto Colón, los que dudaron fueron los Pinzón. Éstos aplacaron los ánimos de la tripulación poniendo una condición a Colón: navegarían con el mismo rumbo tan sólo tres días más; si durante ese tiempo no encontraban tierra, volverían a España.

Tras el descubrimiento de las islas Lucayas (Bahamas), divisaron Cuba. Mientras recorrían la costa oriental de Cuba, Martín Alonso, al frente de la Pinta, abandonó al almirante el 21 de noviembre de 1492 y continuó navegando por su cuenta. Colón nunca se lo perdonó. El 6 de enero de 1493, se volvieron a encontrar en la costa norte de La Española. Las circunstancias y motivaciones de la deserción de Martín Alonso no están claras: quizá intentara descubrir por su cuenta el oro que tanto buscaban. Pero sea cual fuese la causa de la separación, aquí comenzaron sus desavenencias con Colón, que llegó a acusarle de traición. De nuevo juntos, emprendieron viaje de regreso a España en la Pinta y la Niña, pero una tormenta, no muy lejos de las Azores, las volvió a separar, y la Pinta llegó primera a Bayona, en las costas de Galicia, antes de que Colón arribara a Lisboa. Desde Bayona envió un informe a los Reyes Católicos de lo acontecido en el descubrimiento y se dirigió, ya gravemente enfermo, a Palos, donde entró, el 15 de marzo de 1493, pocas horas después de que lo hubiera hecho Colón.

Falleció alrededor del 31 de marzo de 1493, en el monasterio de La Rábida, donde fue llevado por sus familiares y, según un testigo, también enterrado. Esto sucedió pocos días después de su llegada a España, tras el viaje en el que tuvo lugar el descubrimiento del Nuevo Mundo, empresa en la que le cabe figurar en un lugar destacado.

VICENTE YÁÑEZ PINZÓN (c. 1461-1514), navegante y descubridor español, considerado uno de los marinos más experimentados de su tiempo, acompañó a Cristóbal Colón, junto con sus hermanos Martín Alonso y Francisco, en el primer viaje del descubrimiento de América, al mando de la carabela Niña.


Nació en la localidad andaluza de Palos de la Frontera (Huelva) hacia 1461. Criado en el seno de una rica familia de larga tradición marinera, tenía entre los marinos de aquella época una gran experiencia en las artes de navegación, que había adquirido desde su juventud acompañando sobre todo a su hermano Martín Alonso en viajes comerciales realizados por la costa atlántica y mediterránea. Entre 1477 y 1479, se le conocen acciones de piratería por las costas catalanas y de Ibiza.


Se unió a los proyectos de Colón de la mano de su hermano Martín Alonso, el más importante armador y navegante de la comarca situada en la ría formada por la desembocadura común de los ríos Tinto y Odiel, cuya personalidad hizo que Vicente Yáñez permaneciera en un segundo plano durante los preparativos y el desarrollo del primer viaje del descubrimiento (1492), en el que tomó parte como capitán de la Niña y actuó siempre con lealtad a Colón.

 
Atraído por las expectativas de riqueza que abría el descubrimiento de las nuevas tierras americanas, tras el regreso a España y fallecido su hermano Martín, Vicente Yáñez Pinzón firmó el 6 de junio de 1499 una capitulación con Juan Rodríguez de Fonseca -quien actuaba en nombre de los Reyes Católicos- que le autorizaba para efectuar nuevos descubrimientos en las Indias. La importancia de esta capitulación radica en que es la única que se conoce correspondiente a los viajes que se inauguran a partir de 1499. Quedó estipulado el pago a los Reyes de la quinta parte, una vez deducidos los gastos de armazón y viaje. El resto de las ganancias quedarían para los participantes. Vicente Yáñez Pinzón sería su capitán principal.

Para ello, la familia Pinzón equipó a sus expensas cuatro carabelas pequeñas y unos 70 o 75 tripulantes que se hicieron a la mar desde el puerto de Palos de la Frontera, en diciembre de 1499. Llegados a las islas de Cabo Verde, fueron arrastrados por una tormenta que les hizo alcanzar la costa del Brasil en enero de 1500, tres meses antes que llegase el descubridor oficial Pedro Álvares Cabral, tocando tierra en el cabo de San Agustín, al que llamaron de Santa María de la Consolación. Navegó 600 leguas a lo largo de la costa en dirección noroeste, y descubrió la desembocadura del río Marañón (en el Amazonas) y del Orinoco, al cual denominó río Dulce. Prosiguió hacia el mar de las Antillas por la costa de las Guayanas y, desde Paria, se dirigió a la isla de La Española. Desde ésta siguió su viaje de exploración hacia las Lucayas (Bahamas) y, después de la pérdida de dos barcos y algunos hombres, emprendió viaje de regreso a España, donde llegó en septiembre de 1500. Desde el punto de vista económico, este viaje representó un fracaso, que dejó a los Pinzón en la pobreza y a Vicente Yáñez al borde de una quiebra total, pero tuvo una gran importancia desde el punto de vista geográfico, ya que fue el primero en cruzar la línea del ecuador y en descubrir el Brasil y el Amazonas.

El 8 de octubre de 1501, Vicente Yáñez Pinzón recibió un gran honor y merced: fue armado caballero por el propio monarca Fernando II el Católico, en la torre de Comares de la Alhambra de Granada, por lo mucho y bien que había servido en el descubrimiento de las Indias.

En 1505, Vicente Yáñez participó en la Junta de Toro, que decidió la búsqueda del paso hacia la Especiería (las islas de las Especias o Molucas). Al mismo tiempo fue nombrado, por concesión real, capitán general y corregidor de la ciudad de Puerto Rico, con la misión de colonizar la isla de Borinquén (nombre dado por los indígenas a la actual isla de Puerto Rico, denominada originalmente San Juan Bautista, pero que, más tarde, invirtió, acortándolo en San Juan, su topónimo con el de la ciudad), en un asentamiento que se había previsto realizar en un año y que Pinzón no cumplió. En 1508, el rey Fernando II el Católico convocó la Junta de Burgos para encontrar una solución a la ruta de la Especiería, y a ella citó a Vicente Yáñez, junto con Juan Díaz de Solís y Américo Vespucio. En dicha reunión se tomó el acuerdo de enviar una expedición que buscase un canal o paso interoceánico a la altura de la costa de Honduras, para cruzarlo y llegar a las islas de la Especiería, lo que venía a representar la continuidad del primer viaje de Colón. Vicente Yáñez, junto con Díaz de Solís, firmó la capitulación de este viaje de exploración. En ese año, partieron hacia las Antillas, y desde allí hasta recalar en la costa de Honduras, que recorrieron en dirección norte prolongando los descubrimientos de Colón. Exploraron la costa oriental del Yucatán, siendo sus primeros descubridores, pero a la altura de Tampico, ante el fracaso de la expedición, dieron por concluida la exploración y regresaron a España. En agosto de 1509, llegaron a la península Ibérica, cinco años antes del fallecimiento de Vicente Yáñez Pinzón en Sevilla.

ALEJANDRO MALASPINA: Fué lo que podríamos denominar el último vestigio de la Ilustración española (1754-1810), marino de origen italiano que, al servicio de la Corona española, dirigió una expedición científica por América, Asia y Oceanía entre 1789 y 1795. Nacido en Mulazzo (Italia) el 5 de noviembre de 1754, hijo de Carlo Morello Malaspina, marqués de Mulazzo y de Caterina Meli Lupi. Estudió en el Colegio Clementino de Roma y en 1774 se graduó en la Escuela de Guardiamarinas de Cádiz (España). Entre 1775 y 1782 participó en diferentes acciones bélicas en el norte de Africa y en el sitio de Gibraltar, por las que ascendió al grado de capitán de fragata. En 1783 viajó a Filipinas al mando de la fragata Asunción y en 1786 intentó su primera circunnavegación al mando de la fragata Astrea.

 

El 10 de septiembre de 1788 presentó a Carlos III su plan de un viaje científico y político alrededor del mundo, aprobado en octubre. La expedición zarpó del puerto de Cádiz - tan lleno de historia - el 30 de julio de 1789, cuando Malaspina tenía 35 años, y finalizó el 21 de septiembre de 1794, tras viajar haciael oeste hasta las Filipinas. La expedición estuvo formada por dos corbetas, con los nombres de Descubierta y Atrevida y en ella figuraron científicos y artistas, que se hicieron cargo de las diferentes investigaciones que se realizaron a lo largo del recorrido. Fue una de las expediciones científicas a la altura de las mas grandes de la historia aunque por razones políticas no tuviera tanta transcendencia.

El encargado de la Historia Natural fue el primer teniente Antonio Pineda, al que se unieron el botánico de origen francés Luis Née y el checo Tadeo Hanke, que se incorporó en Valparaíso y no regresó con la expedición. El alférez Felipe Bauzá fue el director de los trabajos cartográficos y del dibujo y los oficiales Dionisio Alcalá Galiano y Juan Gutiérrez de la Concha se hicieron cargo de los estudios astronómicos. Los responsables de las imágenes fueron los pintores españoles José del Pozo, Tomás de Suría y José Guió, pintor y taxidermista, y los italianos Fernando Brambila y Juan Ravenet. A ellos se unió, como dibujante, el marinero José Cardero.

A su regreso Malaspina fue nombrado brigadier e inició los trabajos de elaboración de la relación definitiva del viaje. El 22 de noviembre de 1795 fue acusado por el primer ministro español Manuel Godoy (¡vaya personaje!) de revolucionario y conspirador y en abril de 1796 fue condenado a prisión por diez años y un día, permaneciendo prisionero en el Castillo de San Antón en La Coruña hasta que posteriormente fue desterrado a Italia en 1803, falleciendo el 9 de abril de 1810 en Pontremoli. ¡Vaya país!... este de aquí no el otro de allí.

JUAN DE LA COSA (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África.

 Desde 1492 participó en siete viajes y expediciones al Nuevo Mundo. Cuando Cristóbal Colón preparaba su primer viaje conoció a De la Cosa y le ofreció que participara con su nave La Gallega, que fue rebautizada como Santa María y utilizada como nao capitana. Descubiertas las nuevas tierras, la Santa María se hundió y Colón le acusó de impericia; sin embargo, la Corona le indemnizó por la pérdida. En su segundo viaje (1493-1496) Colón volvió a contar con De la Cosa, esta vez con el cargo de piloto mayor y la misión de trazar el mapa de las tierras que visitaran. En este viaje, que partió de la bahía de Cádiz, De la Cosa navegaba a bordo de la carabela Santa Clara. Se descubrieron las islas Dominica, San Juan de Puerto Rico, Montserrat, Guadalupe y otras. De regreso a España estuvo recorriendo las costas del Cantábrico, para fijar poco después su residencia definitiva en el Puerto de Santa María. El tercer viaje (1499-1500) lo hizo en calidad de primer piloto de la expedición de Alonso de Ojeda, en la que participaba también Américo Vespucio. Desembarcaron en la isla Margarita y recorrieron el litoral de Venezuela desde Paria hasta el cabo de la Vela. De regreso a España realizó el primer mapamundi en el que aparecían las tierras descubiertas. En el cuarto viaje (1501-1502) partió como primer piloto de la flota mandada por Rodrigo de Bastidas. Recorrieron las costas de Tierra Firme, llegaron al golfo de Urabá, al puerto de Retrete y a Nombre de Dios, en el istmo de Panamá.


De regreso a España, en 1502, por haber sido arrestado Bastidas, la reina Isabel premió sus servicios nombrándole alguacil mayor de Urabá, por Real Cédula de 2 de abril de 1503. En ese mismo año permaneció un breve tiempo encarcelado en Portugal, ante cuya corte presentó la reclamación española por la actuación de los barcos portugueses fuera de su demarcación. El quinto viaje (1504-1506) lo hizo al mando de una expedición de cuatro buques para vigilar las costas de tierra firme hasta el golfo de Urabá. Cumplió perfectamente su misión, evitando las incursiones portuguesas y estudiando con detalle aquellas costas. De regreso a España, en 1507, se le encargó la vigilancia de las costas españolas desde el cabo de San Vicente hasta Cádiz, para apresar cualquier navío portugués que volviera de América. Dicha misión no dio resultado


El sexto viaje (1507-1508) lo realizó con Bastidas. Viajaron a América para obtener beneficios, consiguiendo 300.000 maravedíes. A su vuelta, la reina Juana I la Loca le confirmó en su empleo de alguacil mayor de Urabá, a título hereditario.


En 1509 emprendió el séptimo y último viaje, en el que encontró la muerte. Partió al mando de un navío y dos bergantines rumbo a Santo Domingo, al encuentro de Alonso de Ojeda, que había sido nombrado gobernador de la Nueva Andalucía. Tuvo que mediar como árbitro entre Ojeda y Diego de Nicuesa, que se disputaban los límites de sus gobiernos en tierra firme, aceptándose su propuesta de fijar como límites ambas orillas del río Grande del Darién.

Inició una expedición de conquista con Ojeda, a quien propuso la fundación de una colonia en la costa del golfo de Urabá sin hostigar a una tribu asentada en el emplazamiento de la actual Cartagena de Indias. Ojeda, desoyendo el consejo, optó por atacar a los indios y se internó hasta una ranchería en la que se habían hecho fuertes y se defendieron con gran ferocidad, llegando a rodear a Ojeda, quien salvó su vida por la valiente intervención de De la Cosa, que cayó abatido por las flechas envenenadas de los indios. Poco después, Ojeda y Nicuesa vengaron su muerte con una feroz carga sobre la tribu, en la que centenares de indígenas fueron degollados. Su viuda recibió la generosa suma de 45.000 maravedíes, en reconocimiento a los servicios prestados por el esforzado marino. Se desconoce cuál fue la suerte de su hijo, que hubiera heredado el título de alguacil mayor de Urabá


El nombre de Juan de la Cosa ha pasado a la posteridad sobre todo, por su Carta de Marear o Mapamundi realizado en el Puerto de Santa María en 1500, según figura en una inscripción de esta joya de la cartografía que se conserva en el Museo Naval de Madrid después de numerosos avatares, ya que, en principio, fue archivado en la Casa de Contratación de Sevilla de donde fue robada y posteriormente vendida al barón Walcknaer en 1832. A la muerte de éste fue subastado y adquirido por el gobierno español por 4.200 pesetas. El mapamundi está trazado en una hoja grande de pergamino de forma ovalada. Su gran mérito es el representar las Indias Occidentales en el momento en que fueron reconocidas. Es admirable la semejanza con la realidad del trazado de las Antillas y de tierra firme, desde el Amazonas hasta Panamá. Supone el reconocimiento de la independencia del Nuevo Mundo respecto de Asia, y representa el enlace entre la vieja tradición medieval de elaboración de portulanos y el nacimiento de la nueva cartografía. Se sabe que Juan de la Cosa elaboró otros mapas importantes, entre ellos los de la costa Cantábrica, pero no han llegado hasta nosotros.


ALONSO DE OJEDA (c. 1466-c. 1515), navegante, descubridor y conquistador español. Nacido en Cuenca entre 1466 y 1470, estuvo al servicio del duque de Medinaceli y fue protegido del obispo Juan Rodríguez de Fonseca, por cuya mediación logró embarcarse a finales de 1493 con Cristóbal Colón en su segundo viaje


En la isla de Guadalupe, Colón le confió la búsqueda del veedor Diego Márquez que con otros compañeros se habían internado en la isla y no regresaban a la flota. Ya en la isla de La Española Colón le encargó dominar a uno de los señores más aguerridos y opuestos a los españoles, de origen caribe, que reinaba en la zona central de la isla y en las minas de Cibao: Caonabo. Ojeda, en un alarde de temeridad, logró presentarse en el lugar de Caonabo, ganar su confianza y apresarlo. Tomó parte igualmente en la batalla de la Vega Real, frente a un numeroso ejército de indios que fray Bartolomé de Las Casas cifró exageradamente en cien mil.

 
De regreso en España, asistió a una política de cambios y novedades en materia descubridora, que comenzó en 1499. Fruto de esta política fue la firma de una serie de capitulaciones (contratos con los reyes) en las que no se tenía en cuenta a Colón. Ojeda fue el primero en inaugurar lo que se ha dado en llamar 'viajes menores' o 'viajes andaluces'. La primera expedición de Ojeda, tras formar sociedad con Juan de la Cosa y Amerigo Vespucci, zarpó del Puerto de Santa María el 18 de mayo de 1499. Siguieron la ruta del tercer viaje colombino: Trinidad, Margarita -costa de las Perlas-, Curaçao y península de Coquibacoa o Goajira. La expedición estaba de regreso en Cádiz un año después y resultó poco rentable.


Para una segunda expedición a la misma zona, Ojeda firmó una nueva capitulación con los reyes el 8 de junio de 1501 y fue nombrado gobernador de Coquibacoa. Formó compañía con Juan de Vergara y García de Campos y fletaron cuatro carabelas. Partiendo del cabo Verde, llegó a la isla Margarita, y recorrió la costa de Curiana hasta llegar a Paraguana. Durante el viaje cometió algunos excesos con los portugueses y con los indios, hasta el punto de ser encarcelado. En 1504 quedó libre con la ayuda de Fonseca. En 1508 recibió el nombramiento de gobernador de Urabá. Partió de La Española al año siguiente pero volvió a fracasar. En esta expedición perdió la vida Juan de la Cosa en un enfrentamiento con los indios. Tras este fracaso, Ojeda volvió a Santo Domingo, donde murió.

ALVARO MENDAÑA,: Nacido en 1541, dirigió una expedición exploratoria por el océano Pacífico, alcanzando las islas Salomón. En 1568 vuelve a Lima, donde sus relatos no resultan demasiado creídos. Junto a Fernández de Quiroz, emprendió un nuevo viaje veinticinco años más tarde, con el objetivo de fundar una ciudad. En la travesía descubrió nuevas islas, falleciendo en la de Santa Cruz. A su muerte legó todos sus poderes a Isabel de Barretos, su mujer, quien dirigió la expedición de vuelta a Manila junto a Quiroz en 1596. La aventura del su segundo viaje pone de manifiesto las dificultades de todo tipo a las que estos navegantes tenían que enfrentarse, pero muy especialmente las de orden científica y en especial las relacionadas con el problema, aun no resuelto, del cálculo de las longitudes (que no se resolvería hasta que muchos años más tarde Harrison construyera el primer cronómetro marino). En efecto, en su segunda expedición, Mendaña no fue capaz de volver a encontrar las Islas Saloón en las que supuestamente había estado en el primero, bien los errores cometidos al fijar su situación en el primer viaje, bien por los cometidos en su segunda navegación o mas probablemente por una mezcla de ambos.

ISAAC PERAL: Nació el 1 de junio de 1851 en Cartagena. Ingresó muy joven en el Colegio Naval Militar de San Fernando (Cádiz) y en 1882 fue nombrado profesor de física matemática en la Escuela de Ampliación de Estudios de la Armada. En 1885 puso en conocimiento de la Marina su proyecto de navegación submarina, obteniendo una respuesta desigualentre los expertos de la marina, aunque finalmente se aceptara su proyecto

Las obras del torpedero submarino Peral comenzaron en el arsenal de la Carraca (Cádiz) el 23 de octubre de 1887, botándose finalmente el prototipo el día 8 de septiembre de 1888. El submarino consistía en una nave de veintidós metros de eslora, pesaba 79 t en desplazamiento en superficie y 87 t sumergido. El casco, las cuadernas y las mamparas eran de acero e iba armado con dos torpedos. Se sumergía mediante unos acumuladores eléctricos que suministraban corriente a unas dinamos. Éstas, a su vez, por rotación, hacían girar dos hélices dispuestas en el eje vertical del submarino. Las hélices y el aumento de desplazamiento proporcionado por la inundación de los tanques de inmersión iban hundiendo la nave hasta que su resistencia era inferior a la presión del agua.

Aunque las pruebas definitivas tuvieron gran éxito, el Consejo Superior de la Marina, con una visión que hubiera hecho las delicias de los fabricantes de gafas, no autorizó la construcción de nuevos submarinos. Lo mismo que pasó con Monturiol. ¡Jolines, qué país!. Ya lo decía aquel: que inventen ellos. Quédenos al menos el consuelo, de que por mucho que los diseños de submarinos han evolucionado en el tiempo transcurrido hasta nuestros días, todos ellos mantienen las lineas maestras del diseño del de Isaac Peral

 

FERNÁNDEZ DE ENCISO, MARTÍN Conquistador y geógrafo español, nacido en Sevilla en el año 1509, fue requerido por Alonso de Ojeda cuando estaba asentado en la isla de La Española, para realizar una expedición a Urabá (en la actual Colombia), a cambio de ser nombrado alcalde mayor. Llevó a cabo una expedición al Darién, en uno de cuyos barcos viajaba como polizón Vasco Núñez de Balboa, y fundó Santa María la Antigua del Darién. Allí se alzó Balboa con el poder y acusó a Fernández de Enciso de haber usurpado jurisdicción ajena sin permiso del rey. Despojado de sus bienes, volvió a España en 1512 para quejarse ante el monarca. En 1519, publicó la Summa de geografía, que pretendía proporcionar a los marinos la información geográfica y astronómica necesarias para la navegación hacia el Nuevo Mundo. Esta obra constituye el fundamento de una fecunda producción bibliográfica de carácter geográfico y cosmográfico realizada por autores españoles.

RODRIGO DE BASTIDAS Conquistador español nacido en Sevilla hacia el año de 1445, descubridor de las costas de Colombia y parte de su territorio, así como de las de Panamá. En octubre de 1500 zarpó desde Cádiz hacia América, siguiendo las huellas de Cristóbal Colón. Reunió en esta expedición a expertos navegantes como Vasco Núñez de Balboa y Juan de la Cosa, cartógrafo que ya había viajado con Alonso de Ojeda en 1499.

Los exploradores recorrieron las costas de Venezuela hasta el cabo de La Vela, que era el límite de la provincia venezolana. Continuando hacia el Oeste, Bastidas descubrió las costas de la actual Colombia, las bahías de Santa Marta, Cartagena y Cispatá, así como la desembocadura del río Magdalena. Fue el primero en penetrar hacia la sierra Nevada de Santa Marta. Con ánimo de seguir explorando, atravesó el golfo de Urabá y descubrió las costas del istmo de Panamá, recorriendo los puertos de Retrete y Nombre de Dios.

Bastidas encontró gran cantidad de oro en sus incursiones por estos nuevos territorios, pero al regresar a Santo Domingo, a finales de 1501, el barco naufragó y perdió parte del oro que transportaba. Francisco de Bobadilla, el mismo que se llevó encadenado a Colón, procesó a Bastidas, quien resultó absuelto al llegar a España en septiembre de 1502 y recibió una pensión vitalicia sobre los productos de Urabá y Cenú. Incansable, obtuvo nueva capitulación (6 de noviembre de 1524) para fundar una ciudad entre el Cabo de la Vela y el río Magdalena.

Fue así como fundó en 1525 Santa Marta, la primera ciudad establecida en Colombia. Se le tiene como hombre bondadoso con los indígenas; sin embargo, uno de sus hombres intentó asesinarlo; herido, viajó a Santiago de Cuba, donde murió en 1527. Su hijo, también llamado Rodrigo de Bastidas, fue el primer obispo de Venezuela. La imagen contigua muestra la placa que luce la que se dice fue la casa de este ilustro navegante español en Santo Domingo.

 

 

RAMÓN MARQUET, VICEALMIRANTE CATALAN DEL SIGLO XIII: No se crea que la historia de la navegación y de los grandes navegates de España comienzan con el descubrimiento de América; muchos años antes el Mediterráneo era el ámbito geográfico de importantes gestas debidas a grandes marinos. De familia de navieros y mercaderes, Ramón Marquet fue hombre de confianza de los reyes Jaime I y Pedro el Grande. Junto con Berenguer Malloll organizó la expedición naval de 1282 a Barbería (África del Norte) y a Sicilia, que inició la expansión aragonesa por tierras italianas. Armador e intendente excepcional, destacó también como marino de guerra en la batalla de las islas Formigues, en 1285, que significó el descalabro de la flota francesa. Supo aprovechar al máximo el papel de los ballesteros catalanes (de habilidad reconocida mundialmente) en los combates navales.

 ROGER DE LAURIA: Gran almirante de la Corona de Aragón en los siglos XIII y XIV. Se crió en la corte del rey Pedro el Grande de Aragón. Acompañó al monarca en sus expediciones a Barbería (África del Norte) y a Sicilia en 1282. Nombrado almirante al año siguiente, derrotó a sus enemigos en todos los combates en los que tomó parte, tanto franceses como provenzales o sarracenos. Sus victorias en Malta, en el golfo de Nápoles (donde hizo prisionero al príncipe de Salerno ) y en Rosas fueron famosas en su tiempo. Destacó por sus dotes de táctico y de estratega. Las crónicas de Muntaner y de Desclot nos dan puntual noticia de sus hazañas, entre ellas, la afirmación de que «ningún pez osaría nadar por el Mediterráneo si no llevaba en la Cola la señal del rey de Aragón ». Quiso ser enterrado al pie de la tumba de su señor, el rey Pedro el Grande, en el monasterio catalán de Santes Creus.

PEDRO FERNÁNDEZ DE QUIRÓS, (1565-1615): Después de volver a puerto con la fracasada expedición de Mendaña, Pedro Fernández de Quirós zarpó del puerto de El Callao (Perú) con tres navíos en diciembre de 1605. El viaje fue un fracaso ya que sólo se descubrió el archipiélago del Espíritu Santo o Nuevas Hébridas. Quirós bautizó a estas islas con el nombre de Australia del Espíritu Santo pensando que había descubierto el quinto continente. A pesar de no ser así, lo curioso es que la moderna Australia debe su nombre a la casa de Austria, en cuyo honor Quirós puso el nombre. Durante el viaje de regreso se separaron dos naves al mando de Luis Váez de Torres debido al mal tiempo.

 NARCIS MONTURIOL, (1819-1885): Inventor, político y publicista catalán. Destacó en las luchas políticas del siglo XIX como idealista convencido de un nuevo orden social, republicano y comunista, contrario a toda violencia. Para fomentar la pesca del coral y evitar el sufrimiento de los pescadores, inventó una nave submarina, el Ictíneo, que navegó por debajo del agua en 1859. Para perfeccionarla fundó la sociedad mercantil «La navegación submarina », primera en el mundo de su especialidad. El segundo modelo de Ictíneo, muy perfeccionado, tuvo aplicaciones militares y constituye una importante contribución a la historia de la navegación submarina: supo resolver el problema de la respiración en inmersión y el de un nuevo motor marino. La incomprensión de los medios oficiales determinó el abandono de sus proyectos, que supo reflejar en una importante memoria: «Ensayo sobre el arte de navegar por debajo del agua », escrita en 1869.